miércoles, 20 de noviembre de 2013

En el espacio del no-tiempo.

 
Con el ansia de salir, de huir, de descubrir mundos, dimensiones. De explorar constelaciones, galaxias, universos, el cosmos entero.
Con el terrestre sentido del apego, la necesidad, la carencia, la falsa seguridad, aún, siento muy adentro el miedo. Ese miedo que pensé que había superado, pero que ha vuelto de nuevo, otra vez, y no sé si en esta ocasión, es para quedarse.

Estas dos partes de mí, me destruyen por dentro, me mantienen inerte, inmóvil, postergado a la invisibilidad de mi esencia verdadera.
Se ha cerrado la apertura temporal y ni siquiera sé, si realmente se abrirá otra nueva.

Mi situación actual no tiene salida, no tiene vuelta atrás, es como si fuera un punto muerto donde algo superior a mí, que transciende mi propia consciencia, decidiera por mí, y yo estuviera sumergido en una vida de ilusión ficticia, enfangada de elementos que escapan a mi comprensión.

Llega la noche,  la oscuridad ciega, el silencio ensordece, el olor embriaga, el gusto empalaga y el tacto quema con ese sudor ardiente que producen los temblores de mi mente.
Soy la simultaneidad de lo que fui, de lo que soy siendo y de lo que seré. El presente no existe, es simplemente la fugacidad instantánea del no-tiempo.

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