viernes, 13 de diciembre de 2013

Ojos celestiales.

Como golpes martilleantes suenan los recuerdos, las interferencias de imágenes pasadas abruman mi mente.
Esto es como un sonido celestial procedente del infierno  que quema sin  posibilidad de retorno.

Quise que fuera mía. Nuestras vibraciones estaban en completa disonancia, quizás, pertenecíamos a mundos muy distintos. No pudimos congeniar.

Cada día,  lamento una y otra vez, que no tuviera la suficiente valentía para poder acariciar su pelo, besar sus labios y unirme eternamente con ella.

Un vendaval de inferioridad y miedo, asoló mi iniciativa haciéndola añicos. Me veía demasiado pequeño a su lado.

Ella, me sorprendió desde el primer día, su belleza me impactó tanto que mi corazón no paraba de latir extremadamente rápido. Desde aquel mismo instante supe que nunca sería mía.

Un camino lleno de miedos, hizo que me apartara de ella, cada vez más, nos distanciamos hasta que mis ojos no la reconocieron.
En realidad, era yo el que no me reconocía, me quede tan pequeño, tan incapaz, tan sediento de su aroma...que me tapo la nariz cada noche para no imaginarme su sabor.

Los recuerdos vienen y van, y cuando vienen, es tremendamente doloroso, saber que la tuve entre mis manos y la perdí.

Yo, desfigurado en el conocimiento de mi mismo, estaba desorientado, sin saber como comportarme, sin abrir los ojos.
Simplemente proyecté su imagen, y ella, se acercó para darme un abrazo eterno que guardaré para siempre en lo más profundo de mí.

Solo espero que llegue el día en el que estemos los dos solos, frente a frente, mirarnos a los ojos y saber que siempre serás mía.




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